Día 3: Civitavecchia, la puerta hacia Roma

El miércoles me levante bien, el mareo se me había pasado durante la noche y el barco ya no se movía, por lo que me disponía a disfrutar del primer destino que nos deparaba nuestro viaje: Civitavecchia, ciudad construida sobre un antiguo asentamiento etrusco en el 108 a.E.C. por el emperador Trajano para proporcionar un refugio seguro sobre el mar para la capital del imperio. Desde entonces esta ciudad sigue cumpliendo el cometido para la que fue creada en su día: ser la puerta de entrada más segura hacia Roma.

Aunque hay una línea de trenes que te acerca al centro de Roma en 1 hora aproximadamente, decidimos contratar el viaje en autobús desde el barco hasta la ciudad. Una vez en el autobús nos dieron un plano y durante el viaje nos comentaron la ruta que podíamos seguir para ver todo lo posible en las pocas horas que íbamos a pasar en la ciudad.

Llegamos a Roma y nos dejaron muy cerca de la Plaza de san Pedro, lo primero que fuimos a ver fue la plaza Navona, en la que hay tres fuentes: la fontana del Moro, la de Nettuno y la más importante, la Fontana de quattro Fiumi de Bernini que representa los ríos Nilo, Danuvio, Ganges y Río de la Plata, pero fue una lástima porque están restaurándola y solo se puede ver a través de unos pequeños cristales que hay tras los andamios.

Después está muy cerca el panteón de Agripa, así que fuimos hacia allí. Destruido por un incendio
en el 80 E.C., Adriano mandó construir sobre sus cimientos un nuevo templo en nombre de Agripa cuyo proyecto fue encargado a Apolodoro de Damasco, gran arquitecto del siglo I. La entrada es gratuíta y por lo tanto es uno de los lugares donde más cola encontraréis para visitar.

Subimos después por la Via del Corso, donde podremos encontrar tiendas con descuentos permanentes, en busca de la Fontana di Trevi, pero nos pasamos y nos encontramos con la Piazza de Spagna, así que aprovechamos para verla y hacernos una foto antes de volver a bajar para buscar la Fontana, la cual encontramos siguiendo la gran cantidad de gente que se agolpaba en una pequeña calle que da con la plaza, que está abarrotada a cualquier hora del día. Cuenta la tradición que tienes que arrojar una moneda en la fuente para asegurarte tu regreso a Roma, dos para enamorarte y tres para… divorciarte, e incluso hay quien dice que se echan cuatro para desear que le pase algo malo a la suegra, aunque esto último lo decían así por encima (yo la verdad es que solo había oído lo de echar una). Allí en la plaza de la fontana comimos pizza en un establecimiento donde la venden al peso y que está riquísima, nada que ver con las que podamos comer aquí.

Bajamos hacia los foros para ver el Coliseo, que está en una estado bastante destrozado debido a que durante mucho tiempo se utilizaron sus materiales para la construcción de los edificios de la ciudad, pero a pesar de todo se puede apreciar su majestuosidad. Un consejo: mucho cuidado con los romanos que hay allí disfrazados de gladiadores, pues se te acercan para que te hagas una foto con ellos y luego no te sueltan hasta que no les das una propina, la guía de nuestro autobús nos dijo que es lo peor que tienen allí.

Muy cerca del Coliseo podemos ver el arco de Constantino y un poco más arriba el arco de Tito, en el que se puede apreciar un bajorrelieve en el que se representan los judíos llevados al destierro después de la destrucción de Jerusalén en 70 E.C.

Justo en la puerta del Coliseo hay una estación de metro, así que entramos y subimos hasta la Plaza de san Pedr. En el metro es difícil que te pierdas porque solo hay dos líneas. Volvimos a la plaza e intentamos entrar en los museos vaticanos para ver si por lo menos podíamos ver la Capilla Sixtina pero había mucha gente y casi no nos quedaba tiempo así que bajamos a la plaza y nos hicimos unas fotos allí.

Lo peor de Roma es el tráfico, nadie (ni conductores ni peatones) respeta las señales, los semáforos o los pasos de peatones, así que si vais por allí tener mucho cuidado.

Se nos quedaron bastantes cosas por ver de Roma, así que no descarto que vayamos allí alguna vez para pasar unos días y visitar la ciudad más despacio.

Cuando volvimos al barco nos esperaba un aperitivo en el buffet lo que nos vino muy bien porque teníamos un poco de hambre. Después de reponer fuerzas no hay nada como una buena ducha en el camarote y cambiarnos de ropa para ver como salimos del puerto de Civitavecchia hacia nuestro próximo destino.

El espectáculo esa noche se llamaba “Locos por Operación Triunfo” (aunque parecía locos por Bisbal porque solo bailaron canciones de él). Después la cena, en la que pude disfrutar de un excelente plato de Carpaccio de buey que estaba delicioso acompañado de una(s) copa(s) de Lambrusco.

Después de la cena: Karaoke, y como no me puedo resistir canté un par de canciones aunque no había ninguna de las que suelo cantar, pero parece ser que no se me dio mal del todo porque después de la primera los animadores me pidieron que cantara otra.

El día había sido agotador, así que nos fuimos a dormir. Próximo destino: Florencia.

arco-de-tito.jpgfontana.jpg

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