Visita al muelle de las carabelas (La Rábida, Huelva)

 A tan solo 10 minutos de Huelva capital, se encuentra un espacio dedicado a uno de los acontecimientos históricos más importantes en la historia de Europa: las embarcaciones que llevaron a Cristóbal Colón hasta el “nuevo mundo” en 1492.

 Bueno, en realidad no son las embarcaciones originales, sino réplicas exactas de los barcos que conocemos como “las tres carabelas”, aunque como aprendimos allí mismo, tan solo dos eran carabelas (la “Pinta” y la “Niña” (o “Santa Clara”)) mientras que la otra embarcación, que era un poco mayor (la “Santa María” o “La Gallega”, como también se la conocía) era una nao o carraca.

 Lo primero que sorprende al ver los tres barcos es que pudieran ser capaces de cruzar todo el Océano Atlántico teniendo en cuenta su (relativo) pequeño tamaño y que tan solo dependían de los vientos para llegar a su destino.

Al entrar en el recinto, antes de llegar al muelle, a mano derecha se encuentra una sala de proyecciones en la que explican un poco cómo fue el viaje de Colón en su búsqueda de una ruta alternativa para llegar a la India. A la izquierda hay un pequeño museo con artículos explicando quiénes eran Colón y los hermanos Pinzón, cada una de las tres embarcaciones así como instrumentos de navegación y costumbres de la época, entre otras cosas. En él aprendemos que las dos carabelas fueron cedidas por determinadas obligaciones de los habitantes del puerto de Palos mientras que la nao fue alquilada a su propietario Juan de la Cosa. También se destacan curiosidades como el hecho de que tras llegar a la primera parada prevista en las Canarias, el viaje se retrasó como consecuencia de la rotura del timón de la “Pinta” y la necesidad de cambiar las velas y el palo de mesana a la “Niña”, así como el hecho de que la “Santa María” nunca regresó de su viaje, ya que quedó encallada en lo que hoy conocemos como República Dominicana y sus maderas se usaron para construir un fuerte en la isla.

 Tras dejar las dos salas atrás, llegamos a un recinto al aire libre donde están amarradas las réplicas de los barcos, los cuales se pueden visitar y subir para hacernos una idea de lo que habría sido viajar en semejante medio de transporte. Alrededor vemos ambientado un pequeño pueblo costero andaluz que queda a babor, mientras que a proa nos encontramos con la representación de un poblado taíno, que fueron los primeros habitantes que recibieron a los marineros tras sus 69 días de travesía.

 Hoy en día damos por sentada la existencia de muchos productos alimenticios (como el tomate, la patata o el maíz), pero sin duda ese viaje fue bastante provechoso a nivel culinario, sobre todo para los habitantes de la vieja Europa. Pensemos que sin esos productos hoy no existirían la salsa de tomate o la tortilla de patatas, por ejemplo, ni tampoco la ternera argentina.

 En definitiva, el muelle de las carabelas es un lugar que no puedes dejar de visitar a tu paso por Huelva o alguna de sus playas.

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