¿Puede una empresa morir de éxito?

¿Puede una empresa morir de éxito?

 Ayer hablaba con un amigo acerca de lo bien que iba determinada empresa tecnológica, y dijo algo que me dio qué pensar: “Tengo miedo de que la empresa muera de éxito”. Llevo todo el día dándole vueltas al asunto, y lo cierto es que hay muchas posibilidades de que esto se convierta en una realidad si no se atienden algunas señales que pueden provocar una debacle de la que no se pueda recuperar un negocio.

 Cuando un pequeño negocio presenta una idea que resulta innovadora, o al menos exitosa, puede hacerse con una buena cantidad de capital en un espacio de tiempo relativamente corto, y entonces parece que todos los focos se dirigen hacia la iniciativa y que en todos los sitios se habla de ello como si se hubiera descubierto algo que cambiará el mundo y se recordará por muchos, muchos años.

 Es verdad que algunos inventos han revolucionado el sistema y lo han cambiado por completo, pero la realidad de muchas de estas empresas es que si bien a veces logran destacar en algún aspecto con la creación de algún producto que genera una gran demanda, si no se tienen los pies en el suelo es muy sencillo dejarse llevar por una sensación de que el estado en el que se encuentran en ese momento no va a pasar nunca, y que siempre dispondrán de una categoría que los permitirá avanzar casi sin esfuerzo.

 Grave error. Hay que estar siempre alerta porque el mercado cambia de una manera tan constante que lo que funciona hoy a la perfección mañana no lo quiere nadie. Por eso no basta con conseguir un producto que se venda bien, aunque se cuente con un equipo comercial de primera categoría capaz de vender cubitos de hielo en el Polo Norte. Con el tiempo el éxito de un producto o servicio se convierte en un lastre, y cuando aparece un producto diferente, mejorado o que tiene una mayor demanda, pasa a ser el producto de moda y ya nadie recuerda el que lo fue antes. La empresa anterior ya parece que no existe, y puede que consiga recuperarse algún día o puede que no. Si no sabe adaptarse a su nuevo estatus y hace todo lo posible por cambiar, su éxito ha sido su propia trampa y el detonante de su ruina.

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