“La fiesta del cine” pone en entredicho a la industria

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 Ayer fuimos al cine. Dos veces. Sí, ya se que un Lunes no es un día normal para ir a ver una película, pero es que ayer, hoy y mañana se celebra un evento que han denominado “La fiesta del cine”, y las entradas están a 2,90€ en el noventa por ciento de los cines de toda España.  Las colas que se formaron en todos estos ha servido para reflexionar acerca de las verdaderas razones por las que la gente está abandonando las salas de los cines, que no tiene nada que ver ni con la piratería ni con el aumento del IVA cultural.

El problema es el precio

 Tras comprobar ayer que a este precio el número de personas que hicieron cola aumentó en un 550%, y que la recaudación lo hizo más de un 300%, se ha dejado bien claro que cuando los precios de las entradas son asequibles, la gente prefiere ir a ver las películas en pantalla grande en lugar de descargarlas de Internet. La piratería no es el problema principal por el cual se está hundiendo la industria del cine, sino que queda claro que es el precio de las entrada el que está provocando que los espectadores abandonen la idea de pasar una tarde viendo una película.

 Cuando las entradas están a precios razonables, los cines se llenan. Ayer quedó bastante claro. El problema está en que los responsables de gestionar estos negocios buscan llenarse los bolsillos cada día más sin importar si la gente tiene o no dinero para dedicar al ocio. Y después se quejan de que les suben los impuestos o de que las copias ilegales son una lacra que está matando la industria. Pues bien, no solo es falso sino que además aumentar los precios de las entradas, lejos de ser la solución, impide que se fomente el consumo de ocio.

 Cuando una entrada de cine cuesta 7, 8 y hasta 9 euros, un espectador se limita a ver una película y se va a su casa. No consume nada más. Y además se limita a ver las películas más taquilleras. Pero cuando los precios, como los de ayer, animan a los aficionados a ir a ver una película, se consumen más palomitas, más refrescos y hasta los comercios de los alrededores se benefician, pues el ahorro de las entradas muchas veces repercute en el consumo de alimentos y snacks, potenciando de este modo el negocio que gira alrededor del ocio.

 En conclusión: La Fiesta del Cine ha dejado clara una cosa, y es que a la gente le gusta ir al cine, pero no a cualquier precio. De modo que lo que tienen que hacer los industriales del celuloide es ajustar el precio a un estado razonable en lugar de quejarse tanto.

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